COLUMNA MESA TIC-FID: Los beneficios de la tecnología educativa, desde el Status Quo

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Por: Antonio González /@igrezanÁngela Guzmán /@angetic , miembros de la Mesa TIC FID

Durante la primera revolución industrial, hubo, al igual que en todas las épocas en que se introdujo un cambio sustancial a la forma de hacer las cosas y movilizar a la ciudadanía a salir de su zona de confort, una resistencia al uso de tecnología.

Las principales razones en las que se funda esta resistencia, se asocia a un mundo desconocido y en el que no muchos desean embarcarse, por desconocimiento, miedo o simplemente no tener la voluntad y resistirse a cambios paradigmáticos que conforman una barrera difícil de flanquear cuando deseamos incentivar y provocar innovación y mejoras a nuestra calidad de vida. El caso de los luditas, que fue un movimiento encabezado por artesanos ingleses en el siglo XIX; que protestaron entre los años 1811 y 1816 contra las nuevas máquinas, destruyendo los artefactos de la incipiente industria textil, como protesta por la degradación de sus condiciones de trabajo y de vida (National Geographic, 2019) 

En pleno 2019, el Ministerio de Educación de Chile, se aboca a una consulta ciudadana sobre el uso de un nuevo artefacto, el celular en el aula. Sin mediar otra circunstancia de contexto, se elabora una encuesta dicotómica sobre lo que se considera correcto o no, sin reparar en la dimensión cultural, en el concierto internacional mediado por tecnología, y sin considerar principalmente la dimensión pedagógica.

Nos parece relevante que el Estado esté pensando una vez más, en ciertas acciones que ocurren en el medio educativo y por, sobre todo, a través de una consulta ciudadana, ya que es el primer paso para la profundización de ésta. Sin embargo, genera preocupación ante quienes trabajamos en el área, ya que se observa un sesgo importante en cada una de las 5 preguntas planteadas, porque no posee el enfoque adecuado para responder con un análisis previo y de este modo, obtener resultados más fidedignos a la realidad escolar. 

La reflexión que deberíamos tener hoy es la que nos puede llevar como sociedad hacia un camino, donde la discusión sobrepase la situación instrumental básica. Debemos conocer la capacidad que podemos alcanzar si utilizamos adecuadamente la tecnología. Y ese “adecuadamente” no está supeditado a un concepto simplista y subjetivo, puesto que hay una línea muy amplia de desarrollo en torno a este tema. Sin ir más lejos, existen instituciones nacionales, Enlaces, Tren Digital e internacionales como la International Society for Technology in Education (ISTE), Digital Citizen Fund, Fundación dialogando, Plan Ceibal, la Junta de Andalucía, entre otros, que han presentado protocolos, estándares y un sinnúmero de investigaciones que dan cuenta de cómo la tecnología aplicada bajo criterios formativos no solo ayuda en el desarrollo de habilidades digitales, sino que también se ocupa de resolver o plantear alternativas para paliar la condición existente sobre los vicios en el uso de la tecnología, planteando condiciones de mejora, herramientas, mediaciones, protocolos e incluso procesos de acompañamientos.

En septiembre del 2018, Francia iniciaba su ciclo escolar bajo la nueva ley: sin celulares. ¿es posible que una parte de Europa piense que en la prohibición está la solución al problema? ¿se tiene claro cuál es el problema? ¿Por qué se esfuerzan en mostrar siempre que un aparato móvil como el celular en el colegio es dañino? Basta con leer un sin fin de estudios realizados en el mundo sobre el gran potencial que los dispositivos móviles generan en el aprendizaje, siempre y cuando el uso de este recurso tecnológico esté acompañado de una planificación clara con metodología pertinente para el desarrollo pedagógico correcto. De esta forma, se lograrán los objetivos de aprendizaje y de paso, desarrollar habilidades digitales tanto en el profesorado como en los estudiantes. 

Es por ello, que debemos avanzar sobre la educación digital, que genere una masa crítica de condiciones de uso, salir del status quo como sociedad y hacernos cargo de que esto pasa a mi lado, en mis trayectos, en las oficinas, en la vía pública y en nuestras carteras y bolsillos. Eliminar el celular del aula, como la acción de romper las máquinas de telar, no detendrá el avance tecnológico. Sólo nos marginamos de un proceso en el cual podemos, por primera vez ser líderes en el desarrollo de nuestro país, desde la educación, la auto regulación y la comprensión de su integración, que no solo está en las aulas sino en el seno de cada familia que como dice Marcela Momberg, “Nuestros hogares son la cuna de la orfandad digital” (Momberg, 2015).

Necesitamos prepararnos para hacer un acompañamiento y un trabajo conjunto como sociedad, las universidades, los colegios las entidades sociales en prepararnos. Tiremos el garrote y tomemos el celular, pero de forma consciente! considerando el cuándo, cómo y para qué. 

REFERENCIAS